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Bonaire
Belleza en todas las dimensiones
Por Redacción Ladevi   |  
19 de Octubre de 2015

Tanto en su superficie terrenal como en lo profundo de sus aguas, la isla situada al sur del mar Caribe regala paisajes de ensueño que son el marco ideal para una relajada estadía, que además de días de sol y playa puede incluir variadas actividades y atractivas excursiones.

Situado en el sur del mar Caribe, frente a la costa occidental de Venezuela, Bonaire, municipio especial integral de los Países Bajos, es un destino inmejorable para realizar eco-aventuras, deportes acuáticos y apreciar la naturaleza, especialmente de los ecosistemas marinos.

Con su rica historia de colonización holandesa y un encantador mestizaje, esta paradisíaca isla de 288 km² se ha convertido en el sitio ideal para los amantes de la tranquilidad, la naturaleza y el buceo.

Entre sus ventajas figura su maravilloso clima tropical los 365 días del año, estar fuera del cinturón de huracanes y ser escala de los circuitos de varios cruceros de reconocidas compañías.

Bonaire tiene más de 22 playas, algunas de arena suave y un deslumbrante tono blanquecino, y otras de arena de granos gruesos y color oscuro debido a su alto contenido de conchas de mar y corales triturados.

En ellas es posible practicar buceo, que es la actividad más requerida por los turistas. En ese sentido, tanto en Bonaire como en Klein Bonaire –pequeño islote deshabitado ubicado frente a la capital, Kralendijk– hay 86 puntos marcados como los mejores para explorar el mundo submarino.

Entre ellos figuran 1.000 Steps, Alice in Wonderland, Country Garden y Sweet Dreams, donde los visitantes tienen la posibilidad de sumergirse en el azul profundo de sus aguas y disfrutar de un alucinante paisaje conformado por paredes verticales, naufragios y arrecifes de coral. Allí viven más de 469 especies de peces, entre ellas peces loro, ángel, mariposa, aguja con sus rayas de color azul eléctrico, sapo, tortugas marinas, tiburones ballena, delfines, mantarrayas y los exóticos pepinos de mar.

Esta asombrosa fisonomía y variedad de fauna se concentra en un área que forma parte del Parque Marino de Bonaire, que con 6.672 ha. y 60 m. de profundidad protege todos los tesoros vivientes que se esconden bajo el agua.

DEPORTES, PASEOS Y LAS MÁGICAS SALINAS.

Claro que la diversión también está sobre el agua, donde sobresalen actividades como el kitesurf, windsurf, parasailing y land sailing, gracias a los fuertes vientos que circulan por la isla, o del kayak, en un recorrido muy atractivo.

En tanto, en tierra firme se puede practicar ciclismo de montaña y escalada. Otras opciones son los recorridos por el Parque Nacional Washington Slagbaai, donde se pueden apreciar las vastas llanuras salinas, árboles poblados de pájaros exóticos, simpáticos reptiles, o pasear por colinas con vistas panorámicas, entre las que se destaca Brandaris, el cerro más alto de la isla, de 241 m., con una agradable vista de todo el lugar.

También es posible elegir hacer paseos en barco al atardecer o tours guiados con especialistas, que aportan sus conocimientos sobre la historia, cultura, tradiciones y flora y fauna del territorio. El Parque Nacional Washington Slagbaai se recorre en dos horas desde su centro de visitantes y tiene una ruta corta y otra larga.

Asimismo, existe la propuesta de Magasina di Rei, que es el segundo edificio más antiguo de la isla. La misma consiste en mostrarle al turista una representación de lo que fue la vida en el siglo XVIII en Bonaire. De esta manera, el guía de la casa –perteneciente a una fundación local– describe las características generales de la vestimenta, la comida, la vivienda, la música y el baile de la época, reflejando las mutuas influencias entre las culturas holandesa, africana e indígena.

Y si los paisajes típicos de playa, sol y verde son magníficos, en la zona sur se complementan con un lugar que parece de otro mundo: las salinas. El área se caracteriza por grandes montañas blancas que no son otra cosa que concentraciones de sal que han sido recogidas y clasificadas por una empresa que se estableció en los años ‘60 para explotar este recurso. El paisaje es realmente atípico, como una ensoñación que, cuando algunos coloridos pájaros rompen con el fulgurante blanco, provoca un efecto de suma belleza.

COMPRAS, CUEVAS Y VARIADA GASTRONOMÍA.

Kralendijk, la ciudad capital, es un pequeño poblado con un pintoresco bulevar de coloridas edificaciones. En sus inmediaciones existe un lugar de compras con productos que reflejan la auténtica identidad caribeña del destino y algunas tiendas muy frecuentadas por los visitantes. Hacia el sur hay una fortaleza del siglo XVII, llamada Fort Oranje, dentro de la cual está también la vieja casa de paredes amarillas del gobernador, actualmente sede del Consejo Insular.

La ciudad también tiene un puerto deportivo y un estadio de fútbol, además de un pabellón románico que es utilizado como un mercado de frutas.

Volviendo a las excursiones, existe la posibilidad de explorar misteriosas y sorprendentes cuevas. Los paseos son comercializados por operadoras especializadas y se realizan con guías. Estos asombrosos espacios donde está permitido el buceo, cuentan con antiguas formaciones de estalactitas y estalagmitas.

Otra alternativa es conocer el ya mencionado Brandaris, el pico más alto de Bonaire, de 241 m., ubicado en el Parque Nacional Washington Slagbaai. La excursión dura 45 minutos, siendo un ascenso de dificultad media que regala espléndidas vistas. Incluso, en días completamente despejados, es posible observar la isla de Curazao, como así también el cerro Santa Ana, en la península de Paraguaná, y la cordillera al sur de Puerto Cabello, ambos en Venezuela.

Para los más aventureros está disponible la opción de escalar acantilados. Si bien no hay demasiadas montañas de gran altura en el territorio, sí puede practicarse esta actividad en numerosas paredes de caliza. Una de las montañas ideales para la escalada y el rapel es el descripto Brandaris Hill.

Asimismo, el turista puede optar por la observación de flamencos en Pekelmeer, un lago donde abundan más de 10 mil de estas aves, y en donde también se reproducen. No se permite el paso de turistas, pero los flamencos pueden ser observados con binoculares desde la carretera o en los alrededores de la playa Pink Beach.

Por otro lado, los amantes del golf tienen a disposición el campo natural Piedro So, ideal para combinar los días de sol y la playa con la práctica de este deporte.

Por último, durante la estadía el visitante podrá deleitarse con una variada gastronomía que contempla los tradicionales sabores locales y deliciosos platos de origen holandés, colombiano, chino, francés, alemán e italiano.

TIPS PARA EL VIAJERO

Dónde alojarse: la oferta incluye hoteles y resorts con todas las comodidades y el confort. En los últimos tiempos, las propiedades se han especializado en disponer de escuelas de deportes acuáticos para introducir a los turistas en estas actividades, principalmente al buceo. Además hay villas y apartamentos.

Clima: las temperaturas son estables a la largo de todo el año. Las mínimas varían entre los 24º C y los 26º C y las máximas entre los 29º C y los 31º C, mientras que la del agua es de 26º C promedio, lo que la hace disfrutable en cualquier estación.

Idioma: en la isla se habla papiamento, holandés y español, además del inglés en los hoteles y sitios de atracción.

Informes: www.tourismbonaire.com.