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10 formaciones rocosas que deslumbran
Vuelta al mundo en busca de los más increíbles acantilados
Por Solange Goldstein     |  
04 de Abril de 2016

Dimos la vuelta al mundo para conformar una nómina –un poco antojadiza– con 10 acantilados que seguramente llamarán la atención del viajero por ostentar alguna característica especial (ya sea por su altura, color, conjunto paisajístico o por sus senderos.). Aquí va el listado…

-Los Gigantes (Tenerife, España). El océano Atlántico golpea con vigor la isla española de Tenerife, pero ésta no se amedrenta. En su costado oeste posee un escudo que se alza por más de 600 m., denominado Los Gigantes. Este acantilado de origen volcánico devela una paleta de colores y texturas que puede apreciarse desde el puerto de Santiago, por la ruta que zigzaguea desde Buenavista del Norte hasta el faro de Teno o en excursiones marítimas donde aparecen en escena otros actores: los delfines y las ballenas.

Si desea una aventura completa, cabe la posibilidad de realizar un trekking de unos 4,5 km. desde Masca hasta una pequeña caleta, enmarcada por el farallón y culminar la jornada con el ya mencionado paseo en barco.

-Moher (Clare, Irlanda). En el condado de Clare, al oeste de Irlanda, los acantilados de Moher resultan impactantes con sus 8 km. de extensión y sus 200 m. de altura. Desde la cima –a la que se accede por un sendero de 750 m.– se alcanzan a ver las agrestes islas Aran, la bahía de Galway y las montañas de Connemara y Maum Turk. El lugar cuenta con un centro para visitantes, restaurante y espacio para exhibiciones.

Desde Dublin operan excursiones de todo el día, pero el pueblo más cercano es Doolin, desde donde parten las embarcaciones que navegan en derredor del acantilado. Además de observar las rocas de cerca, los viajeros pueden descubrir los nidos de los “puffin”, las aves que habitan la zona.

-Los Doce Apóstoles (Victoria, Australia). La tempestad del mar, la furia del viento y el paso del tiempo crearon una obra de arte llamada Los Doce Apóstoles, ubicada al sudeste de Australia, en el estado de Victoria. Hoy estos monolitos –que a decir verdad son ocho– están esparcidos sobre el agua. Estas extrañas formas de hasta 45 m. quedaron aisladas de la costa.

El viajero puede tomar la Great Ocean Road y cubrir un trayecto por la costa y ofrece magníficas vistas del océano, al igual que actividades en la playa y la posibilidad de visitar villas marítimas. No hay que perderse un atardecer en el lugar, ya que las figuras adquieren diferentes tonalidades según la hora.

-Gran Cañón del Colorado (Estados Unidos). De la infinita capa marina pasamos a un hilo diminuto de agua que apenas se percibe desde lo alto del Gran Cañón del Colorado. Aquí es la tierra la que predomina en el conjunto con su fisonomía y sus colores cambiantes, sus altos y bajos que pueden recorrerse a pie, en mula, por tren e incluso por vía fluvial o en sobrevuelos.

El río de Colorado, que talló el Gran Cañón, describe su curso unos 1.500 m. por debajo del extremo sur del parque. Debido a la profundidad del cañón, el curso de agua sólo se divisa desde algunos puntos panorámicos. Otros prefieren realizar un trekking hasta el río en un recorrido que suele prolongarse dos días. También es viable llegar en vehículo a Lees Ferry, donde el cañón tiene solamente algunos cientos de metros de profundidad.

-León Dormido (Galápagos, Ecuador). Del medio del mar emerge este gigante denominado León Dormido porque se asemeja al rey de la selva. Es fascinante por su fisonomía, pero también porque es morada de una importante fauna dentro y fuera del agua. La roca en cuestión–de toba volcánica y de origen muy antiguo– se encuentra al noroeste de Puerto Baquerizo Moreno, en la isla San Cristóbal, Galápagos.

En realidad se trata de dos rocas de aproximadamente 148 m. de altura, en cuyo canal habitan piqueros de patas azules, enmascarados, fragatas, pelícanos y lobos marinos. Además de realizar la excursión en lancha, es posible bucear o practicar esnórquel para descubrir tiburones de galápagos y martillos, tortugas marinas, rayas águilas y muchos peces tropicales.

-Preikestolen (Noruega). En esta nómina no podíamos pasar por alto a Noruega, el país de los fiordos. Sus costas escarpadas, cascadas, islas y la presencia del agua hacen de este paseo un imperdible para los turistas. Pero hay un sector que es aún más célebre: Preikestolen, una formación rocosa cuadrada que se parece a un púlpito y que se eleva a 604 m. sobre el fiordo de Lysefjord.

Ubicado en Ryfylke, al norte de Stavanger y a 7 horas en tren de Oslo, este desafío natural es encarado por muchas personas amantes de la aventura, quienes deben trepar durante dos horas para alcanzar la explanada. Además de las espectaculares vistas panorámicas desde Preikestolen, el viajero intrépido se verá recompensado por las vistas tranquilas de una ladera a la orilla del fiordo o los exuberantes valles del interior de Ryfylke.

Sin embargo, cabe la posibilidad de divisar Preikestolen desde el agua en cruceros que recorren toda la zona para apreciar los fiordos. Partiendo de Stavanger, las embarcaciones ofrecen paseos de tres horas y todas las comodidades a bordo.

-Phi Phi Islands (Tailandia). Postal característica de las Phi Phi Islands, el conjunto de rocas esparcido en el mar fascina a todos los forasteros. Es que se trata de un paisaje exótico que tienen en común todas las islas que forman parte de este archipiélago, excepto una (Koh Pai).

Desde Koh Phi Phi Don, la más grande y la única habitada, parten embarcaciones todos los días para conocer el resto de las islas. Una de ellas es Koh Phi Phi Leh, que se caracteriza por sus acantilados de roca caliza y sus playas de gran belleza, donde se filmó “La Playa”. Koh Yung tiene el mismo aspecto: acantilados y costas idílicas, pero conserva una fisonomía más virgen.

-Old Harry Rocks (Inglaterra). Al sur de Inglaterra, en la costa de Dorset, sobresalen dos columnas rocosas cuya particularidad es que resplandecen con su monocolor blanquecino. Este monumento natural es el corolario de la llamada Costa Jurásica, que atesora fósiles antiquísimos, y que fue declarada Patrimonio de la Humanidad.

El conjunto rocoso, que posee algunas bandas de tiza, puede apreciarse desde el Dorset Coast Path tras una caminata por colinas onduladas y tapizadas de verde. El trayecto es de baja dificultad, cubre unos 5 km. y demanda una hora y media. Parte desde South Beach en un recorrido que es circular y donde se aprecia esta formación que se encuentra en el medio del mar.

-La Quebrada (Acapulco, México). Divisamos acantilados desde el mar en confortables embarcaciones, nos animamos a escalarlos, pero nunca –hasta ahora– los utilizamos como trampolín. En Acapulco (México) La Quebrada se usa para esos fines. Casi como una tradición que se retrotrae a 1934 los más osados se tiran al mar desde una altura de 45 m.

Sin tener un entrenamiento profesional, los nativos aprendieron a lanzarse desde el precipicio hasta una poza con una profundidad menor a 4 m.

Quienes lleguen hasta allí podrán ver este espectáculo que se presenta diariamente (cinco o seis veces) e incluso por la noche, momento en que los clavadistas portan una antorcha para que el show sea conmovedor. Existe un mirador público desde donde apreciar el salto a cambio de una propina para los clavadistas. Pero la mejor vista proporciona el club La Perla, aunque la entrada tiene un costo.

-Dubrovnik (Croacia). Se trata de un acantilado donde en su cresta se erigió una muralla que sirvió para defender a Dubrovnik, destino encantador de la costa Dálmata de Croacia.

Por lo tanto con solo recorrer la ciudad medieval el viajero podrá descubrir esta magnífica obra que, sin embargo, sufrió algunas transformaciones a lo largo de su historia.

El conjunto se completa con fortalezas, torres, fuertes y puertas que se proyectan sobre el Adriático.