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Cataluña: La ruta de Dalí
Viaje al corazón del surrealismo
Por Leonardo Larini     |  
27 de Junio de 2017

Conocer los sitios donde vivió y trabajó Salvador Dalí es una experiencia única, que lleva al visitante a recorrer el extravagante y maravilloso mundo onírico del genial artista catalán. Desde Barcelona, el derrotero incluye Figueras, Cadaqués y Port Lligat, como parte de una excursión que se puede hacer en una jornada.

El asombro comienza apenas se llega: la torre y las paredes rojas de la fachada están adornadas con pequeñas esculturas de panes dorados y culminan en gigantes ¡huevos! intercalados con esculturas de bronce. A partir de ese momento, la visita al Teatro Museo Dalí será una experiencia única, en la cual la vista se verá constantemente sorprendida por el genio del gran artista catalán.

Inaugurado en 1974, el establecimiento se encuentra en la ciudad de Figueras, en el extremo noreste de Cataluña, a 140 km. de Barcelona.

La idea surgió a comienzos de los años 60’, cuando el alcalde de la localidad le pidió a Salvador Dalí que done una obra para uno de los museos locales. La respuesta fue que no le regalaría una obra sino un museo entero. Así lo expresó: “¿Dónde, si no en mi ciudad natal, ha de perdurar lo más extravagante y sólido de mi obra, dónde si no?”.

De esta manera, el pintor decide que el lugar para ello sea el antiguo Teatro Municipal, que un incendio al final de la Guerra Civil había destruido casi en su totalidad.

“El Teatro Municipal, lo que quedó de él, me pareció muy adecuado, y por tres razones: la primera, porque soy un pintor eminentemente teatral; la segunda, porque el teatro está justo enfrente de la iglesia en la que fui bautizado; y la tercera, porque fue precisamente en la sala del vestíbulo del Teatro donde expuse mi primera muestra de pintura.”

De esta manera, Dalí creó el proyecto y supervisó minuciosamente cada detalle de lo que serían los ambientes y salas del lugar.

Además de los mencionados huevos, desde el exterior también se puede apreciar una estructura reticular transparente en forma de cúpula geodésica, que Dalí encargó expresamente al arquitecto Emilio Pérez Piñero.

Ya en el interior, el visitante tiene la posibilidad de recorrer la trayectoria del artista a través de numerosas de sus más famosas creaciones, desde sus primeras experiencias vinculadas al impresionismo, el futurismo y el cubismo, hasta sus maravillosamente desconcertantes obras surrealistas. Además de pinturas, dibujos, esculturas, grabados, instalaciones, hologramas y fotografías, existe un anexo dedicado a las magníficas joyas diseñadas por el hijo pródigo de Figueras.

Entre las instalaciones más asombrosas figuran la sala Mae West, el monumento a Francesc Pujols, la sala Palacio del Viento y el “Cadillac lluvioso”.

Asimismo, también se puede conocer la cripta con su tumba, situada en el centro del Museo.

HACIA CADAQUÉS Y PORT LLIGAT.

El recorrido por las huellas del gran pintor continúa en el encantador Cadaqués, a 36 km. de Figueras, en la llamada Costa Brava, puntualmente al este del cabo de Creus. En este precioso pueblito de edificaciones blancas y aguas azules, Dalí –homenajeado con una estatua en el paseo lindante al mar– pasaba los veranos de su infancia junto a su familia.

La casa se encontraba –y allí se conserva– en la zona de la playa Es Llaner Gros. Después de conocerla, lo ideal es perderse en las laberínticas callecitas, apreciar las hermosas casas, los floridos balcones y el silencio de los pasajes, y culminar la caminata con un sabroso almuerzo frente al mar. El idílico paisaje es de una belleza incomparable, al punto que también atrajo a otros grandes artistas como Picasso, Duchamp y Miró, que tuvieron aquí sus propias residencias veraniegas.

Para redondear la “experiencia Dalí” hay que seguir un kilómetro más allá de Cadaqués y llegar a Port Lligat, el pequeño pueblo donde se encuentra la Casa-Museo Salvador Dalí.

Y aquí, una vez más, nos reciben huevos gigantes en la terraza del lugar. En esta casa vivió el genio catalán hasta la muerte de su esposa Gala, en 1982. Ubicada sobre una pequeña y hermosa bahía, atesora su taller, la biblioteca, las habitaciones, el jardín, la piscina y cientos de objetos personales.

El recorrido, en compañía de personal del establecimiento, es un fantástico paseo por el mundo surrealista del artista. Al ingresar sorprende al visitante la sala conocida como el Recibidor del Oso: un oso disecado sostiene una lámpara y sirve también como paragüero y portacartas, mientras que en el taller todavía se conservan caballetes, pinceles y disolventes utilizados por el dueño de casa, a la vez de su última pintura, inconclusa.

Al lado se encuentra La Habitación de los Modelos, con herramientas y aparatos ópticos.

En tanto, Gala también tenía un espacio privado: la fantástica Sala Oval –donde leía y recibía visitas–, que es esférica y con acústica reverberante. Para llegar a ella antes se debe cruzar el tocador y La habitación de las Fotografías, un vestidor con los armarios repletos de fotos y recortes de revistas, donde la pareja aparece en compañía de famosos personajes de todo el mundo.

En el exterior se destaca el patio, al que se accede a través de un laberinto que esconde un pequeño comedor de verano y donde hay dos enormes jardineras en forma de taza y una reproducción del Ilisos, de Fidias, escultura del Partenón de la Acrópolis de Atenas. Además, está el área de la piscina, que impacta con un sofá labial, reproducciones de Bibendum (la mascota de Michelin), surtidores con forma de cisnes y carteles de los neumáticos Pirelli.

Otros elementos que llaman la atención son la jaulita para grillos –porque Dalí adoraba su sonido y los encerraba en este pequeño objeto–, el palomar de las horcas y la escultura El cristo de los escombros, hecha con los restos de un diluvio.

EL CASTILLO DE GALA.

Finalmente, a 40 km. de Por Lligat se encuentra el Castillo de Púbol, propiedad de Dalí desde 1969 y donde se fue a vivir después de la muerte de Gala, cuyos restos descansan en el mausoleo ubicado en el subsuelo del edificio.

Se trata de una fortificación gótica-renacentista del siglo XI de tres plantas y un patio central. Al igual que en el museo de Figueras, el mismo Dalí supervisó las obras de reconstrucción del castillo –que era un regalo para su esposa– y se encargó de la decoración. Y, también como en Figueras, el sitio se convirtió en una obra de arte en sí misma.

En sus interiores el visitante tiene la oportunidad de observar pinturas, dibujos y esculturas, entre ellas las de elefantes de largas patas que decoran el jardín.

Además, se sorprenderá con la piscina con bustos de Richard Wagner, a la vez de apreciar una colección de trajes de alta costura de Gala y distinguido mobiliario.

La casa-museo Castillo Gala Dalí de Púbol, que fue abierto al público en 1996, también dispone de asombrosos espacios como el Salón del Piano y la antigua cocina reconvertida en sala de baño.

En su libro “Confesiones inconfesables”, de 1973, escribió Dalí: “Todo en el castillo celebra el culto de Gala. Me faltaba ofrecerle un estuche más solemnemente digno de nuestro amor, y por eso le regalé una mansión edificada sobre los restos de un castillo, donde ella reina como soberana absoluta, hasta el punto de que yo no la visito si no es con una invitación escrita de su mano”.

TIPS PARA EL VIAJERO

Cómo llegar: una vez en Barcelona, lo ideal es tomar una excursión de día completo, ya que esto facilita los traslados. Para ello, es conveniente realizar las reservas con suficiente anticipación.

Si el visitante desea viajar por su cuenta, puede llegar a Figueras en tren o bus desde Barcelona y luego desde allí en autobús a Cadaqués.

Desde Cadaqués a Port Lligat se puede llegar caminando en unos 20 minutos (hay 1,6 km.)

Al Castillo de Púbol se llega en autobús y luego caminando.

Dónde alojarse: en términos generales, los tres sitios se visitan en una excursión de un día desde Barcelona. Pero, si el turista lo desea, puede pernoctar en Figueras para realizar las visitas con el tiempo que desee. En la ciudad hay una amplia variedad de hoteles, además de hostels, pensiones y hasta casas rurales. Y, también otros atractivos como el monasterio de Sant Pere de Rodes, el Castillo de San Fernando o el Museo del Juguete. 

Cuándo ir: primavera es la época más propicia, sobre todo para apreciar el encantador paisaje de Cadaqués en todo su esplendor.

Asimismo, es necesario saber que el Castillo de Púbol permanece cerrado durante enero, febrero y los primeros 15 días de marzo.

Informes: hay que tener en cuenta que los horarios de visita de los cuatro sitios cambian según la estación del año. Dicha información, más los precios de las entradas y las mejoras formas de llegar se pueden consultar en la página www.salvador-dali.org/es.