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El Chaltén, un lugar en el mundo
Por Elizabeth Romanelli   |  
16 de Agosto de 2012

En el Chaltén es imposible no admirar su entorno y dejarse llevar por el paisaje, que nos transporta hasta lo más profundo del alma.

Sin dudas, la Argentina está llena de lugares impactantes, distintas geografías y bellezas naturales, pero la sensación que he tenido en este recóndito lugar de la Patagonia es especial. El Chaltén es un mágico pueblito de montaña, con toda la infraestructura necesaria y un amplio servicio de guías para recibir a turistas de todo el mundo, donde es imposible no admirar su entorno y dejarse llevar por el paisaje, que nos transporta hasta lo más profundo del alma. En este lugar, la naturaleza es dueña y señora de la escena, es quien define qué actividades vamos a realizar y cómo se presentará el día. La Patagonia tiene ese encanto: un clima bastante rústico, ventoso y cambiante. Uno de los imperdibles paseos que ofrece la "Capital del Trekking" es el sendero que conduce al cerro Fitz Roy. Con su majestuosa silueta, es muy fácil distinguirlo desde lejos: coronando la villa turística de El Chaltén, se convierte en su custodio día y noche. Ya en la cabecera del sendero, comencé mi caminata internándome en un frondoso bosque de lengas y ñires rumbo a uno de los miradores más tradicionales del circuito que ofrece el Parque Nacional Los Glaciares. La cuesta comienza con una leve a moderada inclinación en subida, para luego tornarse un poco más llana, lo cual posibilita recuperar el aire. Aproximadamente después de una hora y 30 minutos llegué al primer mirador, donde el glaciar Piedras Blancas (a la derecha) mostraba un impecable tono azulado. Allí estaba el Fitz Roy (3.448 msnm), acompañado por la aguja Poincenot (a la izquierda). Cada vez estoy más cerca del objetivo final: la laguna de los Tres... Continuando mi camino, a pocos minutos visualizo la entrada a la laguna Capri, un hermoso espejo de agua a sólo dos horas de El Chaltén, donde el cordón montañoso del Fitz perfecciona el paisaje. Sin desviarme, por esta bifurcación continúo viaje a ritmo tranquilo, para llegar luego de una hora más de caminata al campamento Poincenot (área de acampe habilitada por la Administración de Parques Nacionales, sin servicios). En ese claro en el medio del bosque se escucha el susurro del río Blanco, próximo al campamento. Por allí, un rústico puente de troncos me permite cruzar el caudaloso río de aguas turbias, propias de la leche glaciaria (sedimentos que arrastra la corriente); sin embargo, es una de las aguas más puras y ricas que he probado, perfectamente potable. Al cruzar el torrente de agua se distingue el campamento Río Blanco (exclusiva área de acampe para escaladores), que permite fijar base a la gran cantidad de expediciones que llegan con ansias de conquistar la cumbre del Fitz Roy. Hasta aquí llevo tres horas de caminata desde El Chaltén. Luego comienza una cuesta, por demás empinada, que me obliga a aminorar la marcha. Sin dudas, la trepada en forma de caracol no se presenta dificultosa, pero sí exige algo de estado físico para encararla. "¡Son los últimos 2 km.!", me comentan unos turistas que vienen bajando, y verdaderamente vale la pena el esfuerzo... Esto me alienta y me motiva a continuar la subida. A medida que gano altura, a mis espaldas la vista es fabulosa: se pueden ver las lagunas Madre e Hija y parte del lago Viedma; el bosque ha comenzado a desaparecer. Luego me encuentro con una gran morena frontal de piedra bola. Termino de sortearla, y allí estaba: la laguna de los Tres, impecable al pie del macizo Fitz Roy, tan cerca como si lo pudiera tocar. La pureza misma reflejada en los glaciares colgantes que el paisaje me regala. Bien vale el esfuerzo, y las cinco horas de caminata de ida que me llevó llegar hasta aquí. Sin dudas, el entorno es mágico, el viento se hace notar, y uno se siente tan diminuto ante semejante inmensidad.

(*)Elizabeth Romanelli es guía nacional de Turismo, y con ese título conoció El Chaltén en 1994. A partir de 1997 se radicó definitivamente en esta localidad, donde trabajó durante 10 años para la Comisión de Fomento en la formación del departamento de Turismo local. Durante cinco años estuvo a cargo de la Dirección de Turismo de El Chaltén (2005/10). Actualmente posee un pequeño hospedaje familiar -que trabaja junto a su marido-, y forma parte del directorio de la Cámara de Comercio de El Chaltén.

10 imperdibles

1) Tomar mate en la laguna de los Tres.
2) Al bajar de alguna caminata larga, ir a comer a Patagonicus (Boulevard Güemes 54). Hacen la mejor pizza casera del lugar (con altos índices de muzzarella) y sirven cerveza bien helada.
3) Intercambiar experiencias con extranjeros.
4) Tomarse el tiempo suficiente para cada caminata, de modo de poder disfrutar al máximo del maravilloso entorno natural. Descansar en cada rincón en que consideremos que vale la pena hacer un stop.
5) Sacar muchas fotos.
6) Refrescarse en los arroyos cercanos.
7) Descalzarse en medio del bosque patagónico.
8) Tomar un rico vino contemplando las puntas del Fitz Roy.
9) Acercarse hasta Josh Aike - La Chocolatería para tomarse un chocolate caliente con una porción de torta artesanal.
10) En las noches sin nubes, salir bien abrigado a contemplar ese maravilloso cielo estrellado.